No hay miedo más profundo que el de morir sin haber conocido alguien que te hiciera entregarte profundamente.
El ser humano nace con la predisposición de ser la pieza que encaje en el rompecabezas de otra persona y viceversa. No por complacencia, sino porque todos los seres están predestinados a encontrar a una persona que les haga ver la otra cara de la vida.
Quizás muchos digan, “Venga, llevo mucho tiempo esperando a ese alguien y ya creo que moriré solo”. Debes tener en cuenta que la vida no da segundas oportunidades, y que tampoco podemos apresurarnos en escoger, porque en medio del temor a quedarnos solos, llamamos amor a cualquiera y eso hace que nos vayamos quedando solos, pues por perseguir estrellas fugaces, nos perdemos de ver a la luna.
Así que, no apresures el tiempo, y no desaproveches las oportunidades reales de amar.
Morir sin alguien a tu lado es quizás una de las formas más tristes de dejar la vida. Uno nace para tratar de ser feliz, y gran parte de esa felicidad se encuentra en lo que las otras personas nos pueden hacer sentir.
Sí, efectivamente la felicidad también está dentro de cada uno de nosotros, pero si no tenemos a alguien con quien compartir nuestra dicha interna, esta se acumulará y será un peso que es difícil de cargar.
Recuerda que amar y ser feliz, trata más sobre lo que das que sobre lo que recibes.