Sé que la felicidad no depende de otra persona, sin embargo, cuando amas a alguien y esa persona te corresponde, es inevitable que el lugar y momento donde sientas que esa felicidad salta por los aires, es en su compañía.
Hay tres tipos de parejas: Las que están juntas y no se aman y, por ende, son infelices. Las que dicen amarse, pero en realidad solo una de las partes lo hace y, por ende, la felicidad es fingida. Y, por último, la pareja que en realidad se ama y no tienen que fingir absolutamente nada.
La probabilidad de que una pareja que se ame mutuamente, falle, es muy poca. Esto se debe a que cuando hay un estado de plenitud y tranquilidad emocional al lado de otra persona, los deseos de ver a alguien más, se suprimen. La necesidad del engaño o la tentativa de ello, desaparece, porque las personas no quieren dejar los lugares donde se sienten y son realmente felices.
Habrá alguno que otro imbécil que juegue con dicha estabilidad y por mera curiosidad se salga de la seguridad emocional que ofrece la relación. Cuando dos personas se aman de verdad y uno de los dos falla, la caída de la relación suele ser más aparatosa que la de los otros dos tipos de relaciones.
Esto se debe a que las aspiraciones en dicha relaciones estaban sustentadas en hecho y no en ilusiones. Saber que alguien te ha engañado incluso por encima del supuesto cariño que admitió haber sentido por ti, es casi imperdonable y la herida que queda después de ello, incurable.
Por ello, si te sientes feliz al lado de alguien, no lo cambies por nada, porque la felicidad es uno de los tesoros más complicados de conseguir y no cualquiera puede tenerlo. Si lo hayas, asegúrate de guardarlo bajo llave con tu fidelidad y lealtad hacia la persona que te da la felicidad.