Cuando veía a mis padres discutir, me preguntaba ¿Realmente eso es el amor?

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¿Hacer que la otra persona llore, es una muestra de afecto?

¿Ver a mi madre humillada, era cariño?

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El concepto del amor, también lo veía en lo que mi madre hacía por mí.

Sus abrazos, sus te quiero, sus noches en el hospital en vela mientras cuando yo me enfermaba.

Eso para mí, también era amor.

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Era una especie de disputa en mi interior, porque no sabía si el amor tenía matices, si era tanto bueno como malo, o es que simplemente había personas que no sabían cómo amar. No entendía el concepto del odio, no sabía si había algo que pudiera anteponerse al amor verdadero.

Un día mi padre llegó borracho a casa a discutir con mi madre, como de costumbre. Yo tenía 7 años de edad y nunca me había metido en una de sus peleas, porque me causaba temor y porque mi madre siempre me pedía que me quedaba encerrado en mi habitación.

Pero llegó el punto en qué me dolía tanto escuchar sus gritos, que dentro del pecho sentía como algunas cuerdas se rompían y Simplemente no lo soporté más.

Sali de la habitación, tomé unas tijeras y le grité a mi padre que, si de verdad eso era el amor que sentía hacia mi madre, entonces era mejor que la odiara, y que tomará dicho odio para irse lejos y no volver jamás, porque si no, terminaría clavándole las tijeras en el pecho para que sintiera el dolor yo sentía en el pecho al escuchar a mi madre llorar.

Mis manos apretaban muy duro aquellas tijeras, con ganas de lanzarme contra mi padre para que se detuviera. En medio de su alcoholismo, mi padre se me quedó viendo tambaleándose, y pude ver en sus ojos por primera vez, un sentimiento que no conocía, el del arrepentimiento.

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Vi como unas cuantas lágrimas salieron de sus ojos rojos, pero su cara se mantenía inexpresiva, como era de costumbre. Se me acerco y me dijo, “Escucha atentamente, yo sé que no soy el mejor padre del mundo, y el único consejo que te puedo dar, es que por favor nunca seas como yo”.

Fue la última vez que lo vi, no volvió jamás y tampoco lo extrañé, pero lo único bueno que rescato de eso, de su presencia, de todo lo malo que hizo, es este último consejo de no ser como él.

Mi concepto del amor, comenzó a cobrar forma. Entendí que esa rabia que sentía por dentro, esa necesidad de proteger a mi madre, ese sacrificio que quería hacer para detener sus gritos, era amor.

Esa necesidad de querer que alguien cercano a ti, esté bien, es amor.

Que tu madre te aparte para que no veas como tu padre le lastima, sólo para proteger tu salud mental, es amor.

Mi concepto del amor, cuando era niño, era muy simple en realidad. Para mí el amor era simplemente no lastimar aquella persona que te quería. Mi concepto del amor era como el del respeto. Mi concepto del amor se sustentaba en el sacrificio por el bienestar del otro, por eso el único amor en el cual yo nunca he dudado, es en el de mi madre.

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@ÁngelDichy.

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