Me podrás privar de tus abrazos, de tu compañía y las noches en las que hablamos hasta ver el sol salir.
Me podrás arrebatar las ganas de querer de nuevo a otra persona.
Me podrás quitar las esperanzas de enamorarme otra vez.
Me podrás dejar sin esos consejos tuyos que siempre ignoré, pero siempre recibí con tanto cariño porque te amaba.

Me podrás quitar todo eso, pero nunca me podrás quitar tu nombre del recuerdo.
No podrás quitar esos bellos momentos que tuve contigo y mucho menos, podrás quitarme el deseo de tenerte una vez más.
Quítame todo, inténtalo. Pero verás que, dentro de mí, aún quedará la capacidad de extrañarte como idiota.
Anda, vete y déjame desprovisto de tus miradas, y verás como me quedo con la sensación que me provocabas al sostener la vista mientras decías lo mucho que me querías.

Porque una vez que te entregas a alguien, por mucho que te alejes, por mucho que huyas y desaparezcas, dejarás un rastro de ti, un recuerdo, una pizca que aún lleva tu aroma, tu piel, tus risas, tus chistes, tus regaños y reclamos.
No hay manera en que un amor muera para siempre, porque siempre quedarás bailando en las esquinas de la mente, en los recuerdos que ocultamos con alcohol y lágrimas y los intentos por arrancarte con otros labios.
Por eso, podrás quitarme todo, menos tu cara en mi memoria, el sabor de tus labios y la sensación que me dejaste después de que hicimos el amor.