A medida que va pasando el tiempo nos damos cuenta que no debemos esperar nada de nadie. Nos encontramos más preparados para los nuevos amores. Ya que hemos ganado más experiencia a través del tiempo y eso nos ayuda a no aceptar a cualquier persona en nuestra vida.
Aprendemos a valorar a los buenos amores, detectamos las intenciones, la entrega, el compromiso y la sinceridad. Tenemos muchas ganas de amar, y sabemos cómo hacerlo mejor, pero también tenemos la capacidad de poder detectar los amores mediocres, los que no nos quieren completos, los que pretenden dar un poquito, los que se aprovechan de los enamorada que se encuentra uno.
Tenemos ahora un panorama más claro de lo que queremos en nuestras vidas, a qué le damos más cabida y con quienes nos arriesgamos en el ámbito del amor. Obviamente siempre valoramos los intentos de los demás.

Los mejores amores no son tan utópicos como llegamos a pensar, el amor está disponible para quien lo quiera, sólo debemos sentirnos merecedores de ese sentimiento, que es sincero, que no se guarda, que nos contagia y se siente orgulloso.
Cuando uno se ama así mismo, podemos establecer el amor que queremos. Correspondiendo a lo que somos capaces y estamos dispuestos a ofrecer. Nuestro reflejo de buena autoestima lo capta la vida, dándonos oportunidad de poder encontrar a esa persona especial que sepa también lo que quiere. Y pueda compartir un amor junto a nosotros.
Debemos estar seguros que el aprender a amar y ser amados, es la base de toda relación. Llevando esto todo un programa que incluye los temas del perdón, del dejar ir, del dar, del ser compasivos y del respeto mutuo. Aunque todos representan una lección que necesitamos, sabemos que vamos por el mejor camino, cuando el amor que tenemos nos sume, nos haga bien y colabore con nuestra felicidad.