Varias son las noticias que, a lo largo del año, nos han ido llegando sobre que muchos médicos están optando por sustituir los antidepresivos, los ansiolíticos y toda esa felicidad química que proviene de la Prozac Nation, por remedios mucho más saludables y culturales.

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Se lleva diciendo siglos eso de “mens sana in corpore sano” y es una verdad absoluta; las cosas que alimentan el alma y el espíritu proporcionan salud mental, y la salud mental se refleja en la física, se refleja en la paz, la tranquilidad y las ganas de vivir y descubrir constantemente.

Ya os hablamos de que en Reino Unido gracias a un nuevo esquema gubernamental, los médicos de familia comenzaron a recomendar a sus pacientes arte y cultura, en general, tal y como recetarían Ibuprofeno o mandarían una resonancia

Bajo el nombre de “Social Prescribing”, este enfoque tiene como objetivo resaltar e ilustrar sobre los beneficios que tiene el arte y la cultura para una variedad de dolencias y aflicciones.

Ahora, yendo un paso más allá, están afinando esta teoría llena de lógica, este nuevo tipo de tratamientos socio-espiritual y, por tanto, ya son capaces de relacionar actividades culturales concretas con enfermedades o cuadros psicológicos específicos.

Aunque, todavía no se planea sustituir la medicación tradicional de manera radical (demasiados conflictos de intereses y empresas farmaceúticas), son muchos médicos ingleses los que están empezando a recomendar poesía y prosa como parte de los tratamientos contra el estrés y la ansiedad.

El proyecto nace de la acción conjunta de los médicos, las asociaciones de bibliotecarios y el Gobierno y, en la lista de recomendaciones, no se limitan a los clásicos libros de autoayuda, sino que incluye una buena presencia de poesía y novela.

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La asociación Reading Agency se encargó de seleccionar las mejores lecturas para mitigar los trastornos depresivos y de ansiedad, títulos que van desde “El manual para sentirse bien” de David D. Burns hasta “Breve historia del mundo” de Ernst H. Gombrich.

“…las cosas que alimentan el alma y el espíritu proporcionan salud mental, y la salud mental se refleja en la física, se refleja en la paz, la tranquilidad y las ganas de vivir y descubrir constantemente”

Estas dos enfermedades, son unas de las lacras que más se dan en la población por los ajetreados ritmos de vida que llevamos y la frustración que genera vivir en una sociedad llena de cánones que imponen cómo debemos ser y qué debemos tener.

Todos los que hemos tenido la suerte o la predisposición de sumergirnos en una lectura, sabemos que los libros nos aproximan a la experiencia de vivir cien vidas que nos son imposibles de vivir en una vida real y, además, nos abren la mente a adquirir nuevas perspectivas que ni imaginábamos.

Un libro llena la mochila emocional, ayuda a desarrollar sentimientos necesarios como la empatía y trabaja capacidades vitales como la abstracción y la imaginación, todo lo que necesitamos para soñar y escapar, de vez en cuando, de nuestras realidades.