En el presente artículo, presentamos la historia de una situación real, escrita y compartida por Karen Villaseñor, en la cual indica como premisa: “Un matrimonio, una hija y la historia más triste pero triunfadora que la vida me dio. Mi madre demostró que sí es fuerte y no cualquiera dice adiós”.

“La verdad es que me gustaría empezar este artículo con palabras bonitas, con el significado de un verdadero matrimonio, como el que te plantean en las películas. Un dulce hogar, el perro, las tardes bajo el árbol, que sé yo. No, mi padre dijo que no la dejaba por sus hijos, pero ella fue la valiente que lo dejó.
Mi madre, es el ser más valiente que he conocido, sí, ella me dio una lección cuando lo dejó. Y es que vivir con padres que no se aman, es cargar una cruz que no te corresponde. No me malinterpretes, desde luego, que amo a mi padre, es solo que su machismo me robó el aliento por años.
Porque ver a mi madre llorar, desvelarse y desgastarse día a día por un hombre que no la valoraba, me hacía sentir muy mal. Llegué a pensar que era mi culpa, que si tal vez yo no estuviera ellos no tendrían tantas preocupaciones. Pero, la verdad es que era pequeña, no sabía cómo funcionaban las relaciones.
Lo que sí sabía es que no quería ser nunca como mi madre. Me lo prometí las noches en que los golpes en su habitación retumbaron en las paredes de mi cuarto. Sin embargo, estaba equivocada, ojalá y un día tenga la valentía de mi madre y poder llegar a ser un poquito de lo que es.
Porque decir adiós no es fácil, porque despedirte de las pocas o muchas comodidades que te daba tu pareja tampoco lo es. Mucho menos empezar de nuevo luego de tantos años. Pero, aquella noche fue la última vez que lloró, hizo una maleta y entró a mi cuarto. Lo supe, había llegado el momento y las lágrimas corrieron por mi rostro, pero de felicidad.

Dos mujeres tomadas de la mano, con el alma afligida, con el miedo a lo que nos esperaba, pero con todas las ganas de volar. Ya habían sido muchos años de malos tratos, humillaciones e infidelidad. Ya no era justo y no nos equivocamos, porque ser libre cuesta, aterroriza, pero qué bonito sabe”.