Un puede creer que la inteligencia nos ayuda a ser disciplinados. Pero, en realidad, la disciplina y el ser inteligente, no suelen ir de la mano.
La inteligencia, cuando está desbordada en una mente creativa, suele ser como un niño, hiperactivo y que no puede quedarse tranquilo.
De hecho, esta es quizá la peor enemiga de alguien inteligente, pues esa hiperactividad, hace difícil mantener el foco a estas personas y les impide mantener su norte en sus objetivos.
Entre los malos hábitos de las personas inteligentes, conseguimos:

- Procrastinar:
Como mencionamos, la disciplina es algo difícil de conseguir en una mente creativa. Procrastinar, no es necesariamente no hacer nada, sino que, se refiere a distraerse con tareas distintas a la que teníamos en un inicio.
- Soñar despierto:
Esa misma creatividad, nos hace perder mucho tiempo con los sueños que tenemos despierto. Pensando en a donde llegar, qué queremos hacer, o pensando en distintos escenarios.
- Desorden:
Pero, así como la inteligencia puede mantenernos desenfocados, cuando lo hacemos, solemos olvidarnos por completo de otras cosas, como el orden. Las personas, mientras más desordenadas, más enfocadas están en cumplir sus objetivos.
- Dormir mucho:
No es por pereza, sino porque cuando una persona es inteligente, su cerebro trabaja más y necesita el sueño para recuperarse. Alguien que no duerme bien, quema neuronas a un ritmo más acelerado.
- Discute por todo:
Finalmente, la inteligencia de las personas les suele hacer pecar de “sabiondos” y, en gran parte de estas discusiones, suelen perder. Esto es porque se sienten capaces de saberlo todo incluso cuando no saben nada.
Pero esto no es ser bruto, sino tener apetito del saber y querer compartir las ideas de una forma desesperada.