Al llegar a los 30 años, nuestra madurez y estilo de vida menos temerario nos complica más la tarea de encontrar a nuestra media naranja. Ya no tenemos interés ni paciencia para soportar un mal de amores, pues llegamos a un punto de nuestra vida que estamos dispuestas es a vivir a plenitud, porque una mujer inteligente no permite esto en una relación de pareja:

- Ya no esperas a un hombre de “cuento de hadas”: dejas de creer que la vida es como una película en la que al final de la historia llegará el príncipe a rescatarte. Decides buscar tu propio camino porque dejas de buscar ese “príncipe”.
- No te interesa ganar todas las discusiones: te das cuenta de que lo importante en una discusión no es tener la razón sino resolverlas. No te desgastas haciendo valer tu punto de vista sin dar tu brazo a torcer.
- Ya no crees en falsas promesas: comienzas a entender que cuando dos personas tienen planes distintos para su futuro, por más que se quieran, es muy difícil que puedan seguir juntos.
- No buscas a un hombre perfecto: comienzas a buscar al hombre que esté en la misma sintonía que tú. Dejas a un lado los ideales y comienzas a valorar las cosas realmente importantes, dejando a un lado lo superficial. Ya no buscas que sean igual de atractivos que el actor que te gusta, o que tengan una vida llena de lujos como los millonarios de la farándula.
- Te alejas de quien te lastima constantemente: Cuando tienes amor por ti misma te das el valor de alejarte de quien te lastima todo el tiempo. No se puede vivir con rencores, es por eso que hay que perdonar primero para poder alejarse después.
El pasar de los años y las distintas experiencias te van haciendo cada vez más selectiva. Aunque parezca difícil encontrar a alguien que quiera lo mismo que tú, dedícale tiempo a conocer nuevas personas y encontrar a alguien con quien compartir tus aventuras.
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