Con qué facilidad nos echamos a los brazos de la ansiedad. Esa que va desde una pequeña intranquilidad hasta las que nos hace sufrir una enorme crisis y nos puede llegar a paralizar por completo. La ansiedad tiene la facultad de torturarnos de golpe, distrayéndonos de nuestra rutina y volviendo nuestra paz en una enorme novela de drama.
La ansiedad suele ocurrir porque nuestro subconsciente se llena y ahoga con posibilidades y “quizás”. Es decir, a pesar de que no lo estamos pensando, si hemos estado rodeado de posibilidades y futuros probables, nuestra mente se predispone a esperar algo, a estar en alerta para que cuando ocurra eso que esperamos, podamos reaccionar de manera adecuada. Aunque no lo estemos pensando, nuestro subconsciente se llena de esas posibilidades a futuros y el cerebro colapsa.
La ansiedad surge entonces por nuestra desesperación a que las cosas ocurran como tenemos planeado o pensado que van a suceder. Hay un miedo detrás de todo ello que es el principal detonante. Ese miedo es el de que las cosas en realidad no sucedan.
La ansiedad puede definirse brevemente, como el exceso de futuro. Debemos vivir más en el presente, aferrarnos a lo que ahora sucede, pues es lo único certero y real. No digo que te prives de soñar y tener metas, digo que te enfoques en las cosas que haces ahora para que evites pensar si se cumplirán o no dichas metas. Lo que es para ti, se te dará en la medida que el día de hoy, te esfuerces por alcanzarlo.
Recuerda que cada meta futura está compuesta por pequeños objetivos. No intentes saltarlos, cúmplelos cada uno pues ellos, son la soga con la que te sujetas y es la que te dirige al futuro que crees merecer.
Un secreto, una copa de vino diaria puede ayudar a conciliar la calma. Tiene un efecto de relajación que adormece la parte del cerebro encargada de crear “preocupaciones”. No, no estoy diciendo que te emborraches, ya que una copa de vino no emborracha a nadie.
No te preocupes tanto por los problemas o lo difícil que puede ser alcanzar tus proyectos. Concéntrate mejor en vivir el momento y disfrutar de lo que vas aprendiendo a cada paso. La vida no se soluciona con preocupaciones, sino con el disfrute de las experiencias diarias en búsqueda de las soluciones.