Existen personas que en vacaciones siguen acumulando responsabilidades y cargas, participando en actividades de las que no disfrutan. Son incapaces de realizar una desconexión de la obligación, enterrando así el poco tiempo con el que cuentan para el descanso.
Por lo tanto, lograr desconectarse en vacaciones pasa por interpretar, más que seguir, lo escrito en la agenda o el plan.
Vaciar la mente para volver física y emocionalmente en el momento va en contra de lo que se valora en nuestra cultura: desempeño, productividad, competencia, anticipación. Sin embargo, esta descarga es necesaria para cumplir con todas aquellas responsabilidades que asumimos en épocas de trabajo.
Además, en oposición a lo que creemos con frecuencia, no se trata de vaciar la cabeza, dejar de ser inteligente, creativo o estar involucrado en la vida. Es una forma de estar «activamente disponible», el verdadero autocontrol que nos permite sentir intensamente y formarnos. Lo opuesto a renuncia o abandono.
Algunos necesitarían más descansos cortos pero regulares, mientras que otros necesitan de un largo período antes de reanudar su ritmo. Lo primero es conocerse y tratar de conciliar la satisfacción de las necesidades propias con las de la empresa para la que trabajamos. Más allá de la cantidad de vacaciones, es la calidad la que a menudo marca la diferencia.
Porque el éxito de un intento de desconexión también depende de cómo uno ocupa y organiza su tiempo de descanso.
Por lo general, la dificultad de desconectarse del trabajo durante las vacaciones se refiere principalmente a funciones y gerentes de alto nivel.
Lo ideal es desconectarse completamente de la oficina, no miramos nuestros correos electrónicos, no tomamos nuestros mensajes y no traemos archivos con nosotros.

