Cuando se trata de sabiduría, podemos hablar de las experiencias. Es sabio quien tiene la inteligencia suficiente para usar sus buenas y malas experiencias para crecer como personas.

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Pero, las peores experiencias, se pueden reconocer como las mejores maestras de vida. Tras ellas, podemos aprender cual es la peor versión de nosotros y hasta que punto podemos ser presionados.

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Podemos aprender a lidiar con grandes problemas y, sobre todo, a sobresalir y sobrevivir a ellos sin que nada más nos afecte.

Ya sea que padezcamos alguna enfermedad, fracasemos en nuestro ámbito profesional o pasemos por la pérdida de algún ser querido, cualquier tipo de experiencia, nos deja algo que aprender.

Solo hay que tener visión y mirar aquellas cosas que nos son de utilidad para el futuro.

Quizá, la más sana de las experiencias y la más común, es que debemos dejar todo atrás, inclusive lo bueno. Debemos mirar al presente como el momento que es y en el que todo a nuestro alrededor existe. Y, finalmente, debemos ver al futuro como algo inevitable pero que, a ciencia cierta, no tenemos certeza de ello y que preocuparnos por lo que pasará dentro de unos meses, quizá no tenga tanto sentido.

Solo quien usa sus experiencias para crecer como persona, puede considerarse como un sabio. La inteligencia es la capacidad de elegir astutamente en ciertas situaciones, por ello, sé inteligente y elige aprender en vez de sufrir y mortificarte por lo que ya ha pasado.

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Es interesante ver como algunas personas modifican su personalidad a raíz de las experiencias. Por ello, es importante que no juzguemos a una persona antes de conocerle. No sabemos realmente nada de su vida, de por cuales circunstancias ha pasado y más.

Algunos afrontan sus experiencias con sonrisas en la cara, otros lo hacen alejándose del mundo. Sea cual sea la manera en que lo hagas, recuerda que eres el producto de tu vida pasada.