La vida es muy corta, muy breve para perderla con alguien que no habla, que no escribe y que no escucha. La vida es compartir, y compartir es la forma en que se ama porque amar es dar y recibir en la misma medida.
Por ello, no perdamos el tiempo en alguien que no sabe amar, compartir y vivir, porque el tiempo no se detiene por nadie y es algo irrecuperable. Cada segundo que pasas suplicando con un “quédate” y cada mes que esperas un “te quiero”, es tiempo que puedes invertir en alguien que no te hace malgastar tu vida y no le tiembla el pulso ni la mente para decirte que te aman, te quieren y cuánto te necesitan.
La vida dura solo 80 milisegundos a los ojos del tiempo, a los ojos de los millones de años que tiene el universo. Así que, perder un solo año de vida en alguien que no vale la pena, es perder un tajo de alma, un trozo de corazón que no se recupera y que ahora ya no existe.
No vivamos para perder el tiempo, usemos el tiempo para vivir al lado de alguien que sepa el valor de los segundos que comparte contigo, para que de ese modo, todos los años de tu vida, hayan valido la pena.