Quedar prendado de un cuerpo es fácil. En todos lados vemos hermosos rostros, labios dulces, ojos brillantes, aromas que atraen hasta al más incauto. Además de eso, vemos músculos, abdomen plano y piernas bien definidas, y terminamos confundiendo el deseo con el amor verdadero.
Por más difícil que sea, estamos programados a pensar que enamorarnos tiene que ver con un lindo cuerpo, pero nada más alejado de la realidad, por más que las propagandas nos lo pinten de esa manera.
Si miras más allá del deseo carnal, empiezas a comprender la magnitud de lo que es sentir amor: es reconocer las virtudes trascendentes en una persona, que la hacen única e irrepetible.

Entonces terminas enamorándote de verdad, de sus sentimientos, de su mente. De su jovialidad, su brillo, su curiosidad, su manera de hablar, y sobre todo de su forma de dirigirse hacia ti.
Y es que los atributos de la mente no se modifican como un cuerpo, que puede engordar, secarse, arrugarse. La mente se mantiene prácticamente incorruptible siempre que luchemos por ello.
Pues es la mente el lugar donde toda la magia ocurre, las ganas de estar con alguien más, las mejores intenciones. Ve primero hacia la mente que hacia el cuerpo, y asegúrate muchos años de amor.
