Puedes estar a cientos de kilómetros y amar como nadie, y puedes estar al lado de esa persona y no sentir nada. La indiferencia es la peor enfermedad y enemigo del amor verdadero. Esta aburre, cansa y decepciona a los corazones más enamorados pues, en dicha indiferencia, se haya la parte más temida de todos los amantes.
La indiferencia dice mucho a través del silencio y el tiempo que no se dedica. Duele y se incrusta en la piel como una enfermedad, como un virus que desesperadamente intentamos arrancar del organismo. Esto nos enferma el amor y de a poco lo mata, por ello, incluso en la distancia, cuando el amor se superpone por encima de la indiferencia, cualquier corazón es capaz de seguir queriendo.
Evitemos ser indiferentes con las personas que invierten su tiempo en nosotros, incluso cuando sentimos que no les queremos. Valoremos ese tiempo y respetémoslo advirtiéndoles que no nos interesa su compañía en caso de que no la queramos, pero no brindemos falsas ilusiones o expectativas por mera curiosidad.
También es responsabilidad del enamorado el desenamorarse, pues cuando te quieren se nota y cuando no, se nota aún más. Por ello, debemos tomar decisiones en base a los hechos y aceptar el rechazo como parte del amor, pues no nacimos para ser queridos por todos ni para ser odiados, sencillamente, existen gustos, matices y colores y no podemos adaptarnos a todos ellos. Debemos escoger siempre lo que mejor encaje con nuestra propia vida para que, de ese modo, la indiferencia no se haga partícipe en las relaciones.