Aunque suene difícil de creer, o contradictorio, cuando se ama verdaderamente, se da espacio a la persona amada para que esta pueda realizarse como persona, crecer en todos sus ámbitos, y es una forma de respetar su espacio y privacidad.
Solo es un mito que dar espacio implica necesariamente querer menos; muchas veces, puede ser la mejor forma de amar. Una forma sincera y genuina.

Y es que un amor sincero y genuino, libre de miedos, exigencias y egoísmo, daría mayor cabida -en comparación a un amor algo más encerrado en sí mismo- a la posibilidad de conceder al otro el tiempo y el espacio que pidan o necesiten.
En el contexto de una relación de amor romántico, podría entenderse que dar espacio a la otra persona es la apertura a que desempeñe actividades vitales de forma independiente y privada, durante el tiempo que necesite. Y, principalmente, de una manera exenta de juicios y consecuencias.

Muchos son los expertos, y no expertos, que coinciden en que amar de verdad equivale a amar incondicionalmente. Es decir, el amor en forma pura, el deseo de disfrutar de una mejor vida y de proporcionársela al otro mientras se admira y respeta a la persona, debería estar exento de condiciones.
Según gran parte de la literatura centrada en el amor y las relaciones, estar aferrados físicamente el uno al otro es una actitud que emerge, en la mayoría de los casos, de una visión egocéntrica y de propiedad de las relaciones de pareja.
Una visión en la que se da por sentado, según convencionalismos sociales, que el hecho de unirse en un proyecto de amor supone, automáticamente, una suerte de pertenencia del uno al otro.
Por tanto, en virtud de un sentimiento de propiedad sobre la otra persona, dar espacio cuando se ama podría percibirse como la renuncia a reclamar lo que no es propio por derecho; como una muestra, incluso, de desdén o desinterés hacia el otro integrante de la pareja.
En general, la era actual parece exigir una nueva visión del amor en la que amar supone otorgar la libertad suficiente como para que la otra persona crezca, se desarrolle, y aprenda a dar pasos vitales independientemente.
Dar espacio cuando se ama podría contrarrestar esa tendencia, todavía extendida en muchos contextos, de ‘ensañarse’ románticamente con la otra persona.