Somos responsables, en su totalidad, de nuestras acciones y palabras, incluso cuando nos sentimos obligados a decir algo, somos responsable de ello, pues el poder de elección no es negociable y siempre nace en el interior de la conciencia de cada ser. Por ello, debemos cuidar cada acto y palabra, porque estas pueden destruir corazones, o darles vida.
Así que, no te preocupes por lo no has dicho o hecho, preocúpate por el efecto de lo que ya hiciste y dijiste mejor. Debemos tener cuidado en elevar las ilusiones de corazones a los que no queremos corresponder. No es de valientes prometerle la luna a alguien si no queremos tan siquiera construir un cohete para llegar hasta ella.
Procura siempre que haya una relación entre lo que dices y lo que haces y nunca tendrás que justificarte. El hombre y la mujer que tienen palabra, valen mucho. Así que, si consigues a una persona que honre sus acciones y verbos, entonces valórale.
Que no te desmotiven esas personas que te prometieron una vida juntos, pero no duraron ni dos meses a tu lado. Que no te desmotiven aquellos que demostraron por medio de acciones que eras el supuesto amor de sus vidas, pero que a escondidas te traicionaban. Que no te quiten el sueño esos “te amo” falsos que creíste.
Mejor, preocúpate por recuperar el tiempo que te hicieron perder las falsas ilusiones. Y tampoco le reproches el dolor a cupido. Simplemente, asegúrate de que sigues siendo la misma persona y demuéstrale a los demás que tu esencia no depende de la falta de honor en las palabras y acciones ajenas.