La mala costumbre de decir que alguien pobre, es humilde, debe ser erradicada. No sé quién empezó ha deformar dicho concepto, pero está claro que se ha confundido y que la gente olvida que, para ser humilde, no necesitas tener los bolsillos vacíos.
Es importante también destacar que la maldad no reconoce el dinero. Hay gente que vive en la miseria y su maldad es proporcional a ella, así como la bondad puede ser, en ocasiones, proporcional a las riquezas materiales de otra persona.
Humildad, esta es la cualidad de reconocer las bondades ajenas, las cualidades de las cuales podemos aprender, y mucho más.
Bill Gates, uno de los magnates más grandes del mundo, reconoce la humildad como uno de sus pilares principales para llegar a donde está, pues, a través de ella, aprendió a reconocer cómo, otras personas a las que él admiraba, sirvieron de ejemplo para reconocer lo que él mismo hacía mal, y cómo podía usarlos a ellos como referencia para mejorar.

Las personas que no son humilde, por lo general se dejan vencer por la arrogancia y la mala actitud ante las otras personas.
Pronto, se quedan solas y son seguidas solos por aquellos que no tienen el criterio ni la inteligencia suficiente como para reconocer el enorme defecto de esta persona.

A su vez, la humildad es aliada de la empatía, la cualidad que nos da la capacidad de ponernos en los zapatos del otro para entender sus problemas.
Hay que forjar a los niños más humildemente para que apliquen esta valiosísima cualidad que día a día se va extinguiendo.
Un mundo de personas humilde, es un mundo que avanza al futuro y, además, un mundo más bondadoso, comprensible y tolerante.