Hay muchas parejas que pueden afirmar que la unión con su persona amada, se dio de manera casi natural y sin forcejeos, simplemente, se acoplaron el uno al otro de manera natural. Sin embargo, la gran mayoría de los que entramos a una relación, hemos sido testigos de que eso de acoplarse al otro no es tan fácil. Esto lo podemos ver desde dos tipos de enfoque:
Vamos a ver si funciona
Bajo este enfoque, dejamos la responsabilidad total a la otra persona o a las cosas que nos rodean. Esta responsabilidad se trata sobre el tomar decisiones importantes que definen el rumbo de la relación. Cuando te dices “Veamos si funciona”, tu consciencia se predispone a fracasar, porque sabe que es solo un intento y no un hecho lo que realizará. Mientras menos cercanos nos sintamos con la responsabilidad de hacer que las cosas funciones, menos amor verdadero existe o más miedo al compromiso nos invade. Sea cual sea la situación, si el amor es verdadero, hay que elegir el segundo enfoque para que funcione.
Vamos a hacer que funcione
Cuando decidimos adoptar una actitud decidida ante nuestras emociones, asumimos un compromiso superior donde sujetamos la responsabilidad de las acciones dentro de la relación. Esta actitud nos lleva a dirigir de manera correcta todo lo que hagamos siempre en pro de la salud de la relación.
Es un asunto de condicionamiento mental en el que las personas se convencen a sí mismas de hacer o no las cosas de manera correcta. Quienes deciden este enfoque, llevan una gran ventaja con los que prefieren solo intentar. Esa ventaja se basa en la capacidad de corregir los errores cometidos y no dejar que algunos momentos de debilidad o tropiezo, signifiquen el fin de la relación.
El amor debe construirse a diario con cada detalle y cada muestra de perseverancia, pero, sobre todo, con un alto grado de compromiso por hacer que las cosas funcionen. Si de entrada nos convencemos de que solo será un intento, entonces será así, pero si nos convencemos de que las cosas funcionarán, nos forzaremos a que así sea y cobraremos un gran grado de responsabilidad sobre cada cosa que hagamos. Así que, si amas de verdad, no intentes… Hazlo.