Desde que nacemos la vida nos va dejando significantes enseñanzas. En ocasiones nos negamos a prestarles atención por obstinación, nos rehusamos a internalizar esos aprendizajes que podemos obtener de nuestro entorno.

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Sin embargo, todos decidimos cuánto queremos aprender, así que a pesar de las circunstancias siempre recuerda hacerlo.

Si alguna vez has visto la película “Comer, rezar, amar”, conoces la belleza del aprendizaje teórico, pero sabes que en las acciones es dónde se encuentra la verdadera fascinación, y es cuando apreciamos esto que empezamos a asumir, liberar y a fiarse.

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En la sociedad actual las aspiraciones son muy altas, y resulta sumamente duro lograr todo lo que se necesita para ser alguien “exitoso”, como nos lo pintan en los medios de comunicación.

Luchamos intentando cumplir estos factores para no ser perdedores. Nos proponemos metas inalcanzables, no descansamos, perseguimos el dinero y los viajes, nos empeñamos en encontrar el “amor”, todo para cumplir con las expectativas del sistema, olvidándonos de lo más importante.

Todo eso es superficial, al morir solo nos llevamos lo que vivimos, no las cosas materiales. Lo primordial, la fuente de la verdadera felicidad radica en la sencillez, en cuidar ser tú mismo.

Todo en esta vida se va, no debes aferrarte a las personas. Siempre piensa en ti.  Ama, respeta, estima tus logros y siempre haz lo que te haga feliz. Cuando te aconsejen modificar algo por tu bien hazlo, todas las personas aportan lecciones a nuestras vidas, es lo que nos dejarán.

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Debes cerrar todas las etapas, no te aferres a los lugares que ya no te aportan nada. Las etapas se acaban y debes ser capaz de seguir tu camino, buscando nuevas etapas de las que obtener nuevos aprendizajes.

Es hora de darte cuenta que los medios de comunicación, los empleos, las obligaciones, el cansancio y el agotamiento solo representan distracciones sobre lo que es verdaderamente importante.