No hay sensación más desagradable que el tener al lado a la persona que amas, y aún así, no poder tocarla.
Algunas distancias no pueden medirse, pero se sienten en la piel, uñas, entrañas y el corazón. Nos distanciamos de las personas que amamos cuando intentamos superponer nuestros puntos de vista sobre algún tema.
El orgullo es de esta forma, el peor enemigo del amor. Se interpone para siempre querer estar en la cúspide de la razón y no sede.
Cuando en una relación ambas personas se pelean para tener la razón, las cosas realmente no funcionan.
Hace falta que ambos tengan un equilibrio y que no sea una competencia para ver cuál de los dos tiene más aciertos, porque, al adoptar esta posición, estamos predispuesto a que el otro se equivoque y señalarle gritando “TENGO LA RAZÓN”.
No alejes a tu pareja, la persona que te ama, por mero orgullo. Ten dignidad, y busca el equilibrio entre ambas opiniones, emociones y sensaciones.
La dignidad es la encargada de mantener tu valor como persona intacta pero, al mismo tiempo, se encarga de reconocer cuando las otras personas están en lo cierto, transformándose de ese modo, en humildad.
Ama con dignidad.
Quiere con respeto.
Acércate con aires de paz.
Y Aléjate solo cuando el orgullo se interponga entre los dos.
En la distancia, medita si realmente merece la pena dejarlo todo por un mero orgullo… O derribarlo y entregarse al amor sano y justo.
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