La presente carta que compartiremos a continuación, es muy importante que toda persona que tenga oportunidad la lea, ya que el tiempo es algo que le transcurre a toda persona, en lo que respecta el desgaste de nuestro cuerpo y mente, por lo que iremos envejeciendo sin alguna manera de detener este proceso.
“Querido hijo mío:

Te escribo esta carta con total sinceridad y noble intención, porque te quiero, te amo y quiero que seas feliz todos los días de tu vida. Te escribo esta carta para pedirte algo…
Y lo que te quiero pedir en esta oportunidad es que cuando me veas vieja te armes de paciencia y tolerancia. Debes entender que en la vida sucede un ciclo en el que uno nace, se convierte en un niño, luego en un adolescente y luego en un adulto y cuando el adulto llega a la vejez vuelve a convertirse en un niño otra vez. Y a hacer cosas de niños pero en cuerpos ancianos.
Tal vez te repita las historias y anécdotas que viví, tal vez no te escuche bien y te pida que me repitas lo que me contaste otra vez. O tal vez pierda el hilo de conversación y no pueda recordar qué hacía o de qué hablábamos. Ten paciencia y no te enojes conmigo. Nada de esto lo haré con maldad. Lo único que me importará es compartir tiempo contigo.
Tal vez quiera comer cosas que no pueda por problemas en mi salud, intenta explicarme con cariño por qué no debo hacerlo así como yo te expliqué que no podías comer dulces cuando eras muy pequeño para que no te dañes los dientes.
Tal vez tenga problemas con adaptarme a las nuevas tecnologías o necesite más tiempo para poder aprender de ellas y comprenderlas. No te enojes ni me grites por favor.
No te sientas triste cuando envejezca porque he disfrutado el paso de mi vida al lado tuyo cada día.
Disfrutemos ahora de compartir momentos juntos, de reírnos, de abrazarnos, de vernos. Demostrémonos todo el cariño que nos tenemos ahora que estoy y por sobre todas las cosas hijo recuerda cuánto te amo.
Atentamente, tu querida madre”.
