No es un secreto que el rostro de los homínidos y especialmente el de los humanos carga con algunos aspectos que no se comparan a ninguna otra especie animal conocida. La mínima distancia entre ambos ojos, el tamaño de la dentadura y la disposición de la mandíbula son algunas de las cualidades evidentes que dan cuenta de lo anterior. Aun entre los mamíferos, el rostro humano tiene quizás la más importante diferencia con relación al reino animal: el rostro de un ser humano son distintos y fácilmente de identificar.
Una de las primordiales hipótesis al respecto es que el rostro humano debió evolucionar para ser reconocida con uno de los sentidos más desarrollados que poseemos, la vista. Ante la imposibilidad de identificar a otras especie a partir del olfato (como pasa con la mayoría de mamíferos), es posible que el desarrollo evolutivo humano obtiene un mecanismo para ayudar a diferenciar entre humanos con sólo una mirada.
Las expresiones están íntimamente desarrolladas con este aspecto. La cara humano es un gran instrumento con millones de años de evolución, la cual la mayor parte del tiempo transmite el sentir de cualquier persona.
El rostro de una persona es un sofisticado canal de comunicación. Esta es una de las premisas básicas de Adam Wilkins, científico experto en biología evolutiva y autor de “Making Faces: The Evolutionary Origins of the Human Face”, el cual asegura que, nuestras cualidades faciales seguirán el intrincado curso de la evolución tal y como ocurrió desde su aparición, hace 200 mil millones de años; no obstante, esta vez serán orientadas por el rasero de la expresividad.
“¿Qué aspecto tendrá el rostro de un ser humano en el futuro?”
Una entrevista para el diario Clarín, Wilkins aclara que la tendencia de hoy en día de la evolución del rostro se encamina a eliminar el dimorfismo de género (la diferencia anatómica entre ambos géneros) y adaptar cada vez más los rasgos humanos a los femeninos. Consiste de un vestigio evolutivo necesario para la subsistencia de la humanidad, pues cuyos rasgos son asociados por el cerebro como indicios que alientan la cooperación y confiabilidad, elementos vitales para sortear los distintos riesgos en el andar de los humanos por la Tierra.
Algunas de las transformaciones más llamativos que tendrá el rostro durante el periodo de los próximos cientos de miles de años serán una disminución significativa del mentón, acompañada de un incremento notorio en el tamaño de las órbitas oculares (y por tanto, ojos más grandes y abiertos), así como un aumento en el volumen de la cavidad craneal.
