Hay quienes escapan del temor.
Hay quienes huyen despavoridos del odio.
Hay quienes se ocultan de la responsabilidad.
Y hay quienes se van del lugar donde pueden amar y ser amados.

No pretendo juzgar a las personas que escapan de estas cosas, pero sí quiero etiquetar a la acción de escapar. Huir es la salida del cobarde, y es la más cruda cara del que no desea enfrentarse a sus propios miedos.
Entiendo que algunas personas hayan sufrido de amor, y que tengan en los bolsillos, trocitos de su corazón roto, pero ¿Hasta cuándo piensas huir? ¿No te cansas de escapar de aquello que puede causarte la mayor de las felicidades por miedo a que sea todo lo contrario?
Y es comprensible, pues vivimos en un mundo de engaño, construido a base de mentiras y falsas expectativas. Es común no querer aferrarse en un lugar así, pero precisamente, por eso dicen que el amor es para valientes y los valientes deben hacerse responsable de su osadía.
¿No crees que valdría la pena ser osado en algún momento de tu vida? ¿No crees que vale la pena arriesgarse y ser valientes una vez más? Quién sabe si a lo mejor, después de tantas decepciones, una de esos actos valerosos trae consigo la mayor de las recompensas y te entrega a la persona que te hará feliz el resto de tus días.