En la vida, sentir un sentimiento de pérdida, es algo que duele en lo más profundo del alma, pues es un dolor que no se cura con ningún calmante o medicamento. Los dolores cuando son por dentro son más fuertes, no se alivian con decírselo a la gente.
Y es que cuando se experimenta haber perdido algo o a alguien muy importante para nosotros, nos sentimos incompletos y vacíos. Exactamente pasa lo mismo cuando perdemos a un amigo, se nos dificulta muchísimo reconocer y aceptar que esa valiosa conexión o nexo que teníamos pueda ser sustituido por otra persona.

Perder un amigo, por los motivos que sean, duele. Pues estos forman parte importante en nuestra vida, se convierten en nuestra segunda familia, en incondicionales e irremplazables.
Los amigos son los hermanos que escogemos, algunos más o menos cercanos, pero cuando llamamos a alguien amigo, más que por un acto cortés, es porque le hemos dado la bienvenida a nuestras vidas, con la intención de un para siempre.
Sin embargo, hay que aceptar que no todo puede ser eterno en esta vida, y que lamentablemente algunas relaciones se pueden deteriorar por diversos motivos. Pero, cuando una amistad se rompe, esto es consecuencia de una o varias malas acciones llevadas a cabo por uno o ambos miembros.

Quizás la distancia afecte un poco la amistad, pero los verdaderos amigos pueden estar mucho tiempo sin establecer contacto y al reencontrarse nuevamente parece que ni el tiempo ni la distancia hubiesen afectado, pues de inmediato enlazan el último punto en el que estuvieron juntos con el presente, como si nada hubiese ocurrido. El cariño y la hermandad se mantienen.
Pero, todo suele cambiar drásticamente cuando la amistad atraviesa y soporta traiciones, engaños, abusos, calumnias, cuando de forma intencional o consciente una de las partes daña a la otra, difícilmente esa amistad pueda continuar, porque ya algo se ha quebrado, la confianza y el respeto mutuo no existen.
Y aunque duela admitirlo, las traiciones duelen más porque estas vienen siempre de un amigo o alguien querido, pero jamás de un enemigo.

No obstante, la vida es un cambio constante de todo, y ello implica que cambien: prioridades, sentimientos, intereses, las maneras e incluso las formas de reaccionar y valorar. Estos cambios, cualquiera de ellos puede dar paso a conductas inadecuadas, separaciones irreversibles o heridas, y así a rupturas.
Cuando una amistad termina y más cuando lo hace en términos comprometedores, puede resultar un factor adicional de preocupación el manejo de información del otro.

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Como sabemos la confianza en un amigo es amplia y ello lleva consigo el haber depositado toda la confianza con grandes confesiones, intimidades y secretos. Por lo que acá ambas partes quedan sujetas a la ética del otro.

Evidentemente el deshacer una amistad no está dentro de las metas iniciales en la relación. Pero puede pasar, por ello, debemos tener cuidado y precaución con lo que decimos o revelamos de nuestra vida, por si llega a suceder por algún motivo una ruptura en la amistad, no sentirnos expuestos a que nuestra intimidad sea vulnerada.
Las amistades se pueden recuperar a muchos tropiezos, pero por lo general no vuelven a ser las mismas.