Guárdame ahí, en ese rincón al que nunca vas. Guárdame en ese rinconcito del corazón que te tienes prohibido y que da pena mostrar. En el lugar donde pones los pecados, la perversiones e inseguridades. Guárdame ahí en el huequito del corazón donde te da miedo mirar, explorar y aceptar. Guárdame en ese rincón oscuro donde queda la violencia y lo sexual, la verdad, los deseos ocultos y el amor que tanto miedo te provoca.

Guárdame en ese rincón polvoso donde nadie mira jamás. En el rincón silencio del corazón; en la comisura callada de tus labios, la curva bajo tus senos, entre el giro de tu oreja. Guárdame donde nadie te ha besado, donde nadie te ha mirado. Guárdame en secreto.
No digas a nadie que me conoces, que nos vemos en habitaciones oscuras, en recuerdos perdidos y memorias infantiles. No te lo digas ni a ti misma.
Guárdame en secreto de ti y escápate de lo que eres para verme. Escápate de esa neurosis y pretensiones que te hacen insoportable; de las rutinas y tus peinados, de tus ambiciones y preocupaciones, del matrimonio y la casa blanca. Escápate de los planes de familia y los arreglos de boda; de los planes a futuro y los consejos de tu madre, de las pláticas de café y los cuidados de la piel. Asiste conmigo cuando vayas huyendo de la universidad, del trabajo, la ortografía, el salario, jefes, vestidos blancos, decencia, adornitos rosas y boquitas pintadas. Cuando tengas que escapar de ti misma y su insoportable rectitud y pulcritud.
Visítame desnuda de ti y de los miedos, porque así, solo así te das permiso de verme como soy; tirado y sin belleza, desprovisto de cualquier exigencia moderna; ahí arrumbado sin más. Feo, lleno de cicatrices, mal oliente, borracho, derrotado, perverso, hinchado en deseo, desvelado, cansado de las corbatas, huyendo de las congregaciones, grosero, estúpido e ignorante pero con alma.
Cuando me veas, que sea desnuda de ti; sin memoria, sin intenciones; con la blusa desabotonada, el pecho abierto, el corazón en carne viva. Solo así, sin eso que llamas tú, podemos hacer el amor a pierna suelta; sin miedo de pecar, sin temor de equivocarse, de ofender, de manchar, gritar, fornicar, pecar, mancillar. Ave María inmaculada. Desprovista de tu ego nada será pecado, nada será delicado, nada será enfermedad, nada será locura.
Guárdame en ese rincón que te prohíbes. En esa fracción tuya que no tiene dueño, que nadie conoce. En ese lugar, al fondo de tu ombligo, donde caminas perdida e inconsciente; donde el ambiente es veneno y la locura amor. Guárdame ahí donde pones el deseo, la violencia, el descontrol, la bebida, el arrebato, la pasión, la fuerza, las ideas homicidas y la masturbación.
Guárdame en ese lugar que tu madre desconoce. En ese lugar que tu padre ni siquiera imagina. En el sitio que la iglesia condena y la escuela busca para controlar. Ese sitio del que no platicas a tus amiguitas de café. El sitio que tanto miedo da a tu novio. El sitio que te esfuerzas en ocultar con tu bonita ropa, el lenguaje refinado, las joyas de la abuela, el perfume de azucenas, el coche nuevo y el dinero de tu hermana.
Un día de tantos cuando te aburras de ti misma; cuando no te soportes; cuando el peso de tu mascara te fracture los hombros; cuando el perfume de tu pecho te perfore la nariz y el sonido de tu voz te carcoma los oídos; cuando el reflejo en el espejo te empalague con su belleza de sociedad y el verde de tus ojos sea insoportablemente perfecto; búscame, perdida de ti y sus artificios de divinidad.
Cuando vayas a ese lugar que no visitas, prometo regresarte desnuda; pecadora, loca, sucia, rota, encendida, quemada, cansada, con los lagrimales palpitando, los ojos culpables y la sonrisa delatora. Nada será perfecto, lo prometo. Prometo regresarte viva…
Por Jose De la Serna
