Familia son todos aquellos que ofrecen luz a mi corazón y no días oscuros vestidos de tristeza e indefensión. Porque no es necesaria la sangre para crear un vínculo, la unión auténtica la crea la lealtad y el afecto y no unos mismos apellidos en común.

A finales del 2015 se publicó una interesante encuesta en el «Daily Mirror» en la cual, se reflejaban esas pequeñas cosas que hacían feliz a una familia. Aspectos como «pasar tiempo juntos», «reírse», «tener aficiones comunes» y «respetar pensamientos y opiniones» se consideraban como esenciales en lo cotidiano.
Una familia ofrece cobijo, crianza y sustento, pero es la cotidianidad inscrita en el respeto, en el amor sincero, en la complicidad y la reciprocidad lo que crea el vínculo más auténtico, ese que de algún modo, podemos establecer con más personas.
Muchos sabemos que no es necesario un mismo código genético o un certificado para apreciar a alguien como parte de nuestro corazón. Familia son las personas que uno elige, ahí donde incluir tanto a parientes como a amistades, e incluso por qué no decirlo, a nuestras mascotas.

Lo más importante de una familia no es que sea perfecta o habite bajo el mismo techo, sino que esté unida y viva bajo ese techo, de manera, que ningún problema pueda vencerla.
Nadie elije a su familia, llegamos al mundo como caídos de una chimenea y es la suerte quien determina si los lazos que establecemos con nuestros padres van a ser saludables, indiferentes o incluso traumáticos. Es el vínculo más cercano del ser humano, pero de forma paradójica se alza en muchos casos como uno de los más complejos y conflictivos.

Conflictos familiares: aceptar lo que no se puede cambiar y poner distancia
En las situaciones de conflicto familiar o en aquellas familias en las que las relaciones son negativas es importante que tengamos en cuenta ciertos aspectos:
Hemos de ver las relaciones de una familia como a todo sistema vivo que con el tiempo puede evolucionar. Ahora bien, en la mayoría de los casos lo que sucede es que se consolidan unos patrones de relación más definidos que no suelen cambiar.
Una relación traumática o dolorosa con la familia es una fuente muy alta de sufrimiento. Ello se debe a que uno no puede «cancelar» sin más ese vínculo, esa relación. De ahí, que sea tan difícil avanzar y pasar página.
La única solución en estos casos de conflictividad o trauma familiar estaría en aceptar lo que no se puede cambiar.
No hay que alimentar más la rabia. Uno no puede conseguir que nuestro familiar cambie esa forma de comunicar tan «agresiva«, tampoco podemos borrar de nuestra mente las posibles humillaciones sufridas.
La única forma de sanar el sufrimiento está en aceptar la realidad, integrar lo vivido y entender que no tenemos ninguna obligación moral o social a la hora de seguir alimentando un vínculo que hace daño. No podemos elegir a nuestra familia, pero sí construir una propia y dar valor a quienes de verdad, nos enriquecen.