En la etapa del enamoramiento, vivimos una serie de cambios que reconocemos prácticamente en el momento en que se producen. Las mariposas en el estómago, cosquillas en las mejillas, alegría exagerada, suspiros constantes y ver todo color de rosa son las sensaciones más comunes.
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Sin embargo, tu cuerpo también cambia cuando esta etapa va desvaneciéndose. Es allí cuando puedes empezar a decir que el amor se está acabando.
Cuando amamos, se dispara la producción de oxitocina, una de las hormonas que produce nuestro cuerpo y que está asociada al placer, y es cuando empezamos a sentir ese bienestar intenso y el cosquilleo en el estómago. A nivel de comportamiento, nos mostramos super cariñosos y queremos dar lo mejor de nosotros de manera frenética para la persona amada y para el mundo entero.
Contrario a esto, cuando empezamos a dejar de sentir amor, el primer cambio notorio es el que se produce en nuestro humor. Es así que empiezas a alejarte de esa persona casi sin darte cuenta y pierdes interés en llamar su atención.
Normalmente el cambio de humor no es algo que percibamos al inicio; sin embargo, quienes nos rodean pueden dar cuenta de él fácilmente. Tus amigos, familiares y compañeros de trabajo te dicen que has cambiado y no te das cuenta o te cuesta asumir.
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De igual manera, puedes sentirte un poco más angustiada, pues ante la falta de oxitocina la ansiedad se abre paso. De igual manera, en contraste con la poca producción de oxitocina se desencadena la liberación de otras sustancias relacionadas con la decepción, evidenciada en el rechazo que tenemos hacia nuestra pareja y hacia los demás.
Mientras vas dejando de amar vives sensaciones que de entrada se ven negativas. Pese a esto, no significa que hayas perdido la capacidad de amar sino que esta persona ya no te hace sentir lo mismo. Viéndolo de manera positiva, son alertas que tu cuerpo te envía para que sepas que es momento de caminar otros senderos, sola o acompañada por alguien más.