El Karma es entendido, según la tradición budista, como esa capacidad que tiene el universo de equilibrar las acciones que cometemos, de tal modo que cada quién al final obtenga lo que merece. Por ejemplo, una persona que daña a otra persona, por intervención del Karma recibirá el mismo mal en el futuro. Lo mismo ocurre si se trata de una buena acción.
En el amor se tiende a pensar que los malos son los que suelen ganar la partida siempre. Pues, la verdad es que no suelen salirse con las suyas y aquí te traemos las razones por las que, según el Karma, no es así.

El Karma te cobrará en esta o en otra vida
El Karma, según el budismo, es una ley del universo que siempre ha existido y existirá hasta el fin de los tiempos. Por lo tanto, si en esta vida has obrado mal en el amor, has sido infiel o has abusado de tu pareja, pues lo sufrirás en esta vida o en las subsiguientes. No hay escape para el Karma de que tu mala acción sea cobrada.
Si obras bien, te irá bien
El Karma también opera para las acciones positivas, y es que mientras mayor bien sembremos en el amor hacia nuestro prójimo, el Karma nos augura un futuro lleno de mejor felicidad y alegría. Si tienes un buen cultivo, sembrarás una buena cosecha.

La meditación es una alternativa para generar Karma positivo
Cada vez que meditamos, se producen endorfinas en nuestro cerebro que están ligadas a la serenidad de la mente, la paz y el amor compasivo. Es entonces cuando nos sentimos más proclives a ayudar a otros, a ser más amables y amorosos. ¿Y esto realmente es útil en las relaciones de pareja? La respuesta es sí, totalmente. De hecho, según investigaciones, las parejas de meditadores se caracterizan por ser muchísimo menos tóxicas y destructivas en comparación a los no meditadores.