A veces sueño con despertar, y verte a mi lado.
Pensar que aún no te has ido y que el hecho de que te amos, sea suficiente para que te quedes otro rato.
Un poquito más, digamos, 5 minutos, diez años, quizá toda una vida.
A veces siento que no te fuiste. Que todas las noches regresas y me saludas con un beso y me abrazas diciendo “ya estoy en casa, amor mío”.
A veces quisiera que la realidad en la que vivo solo sea una pesadilla en la que puedo despertar con mucha fuerza de voluntad, y al abrir los ojos, me percate, de que aún estás.

A veces prendo un cigarrillo, yo que ni fumo, solo para llamar tu atención y te des cuenta de que sin ti, mi vida ya no tiene un rumbo.
A veces veo las nubes y trato de imaginar formas en ellas con tu cara, porque ni siquiera una foto me quedó después de tu partida. Decidiste borrarlas todas, y desaparecer por completo, sabiendo que esa era la forma más dura de vengarte, por no haber sabido valorarte cuando te tuve.
A veces presto atención al cielo, e imagino que cada estrella que cae, puede cumplirme el deseo de que algún día vuelvas, y que con tus besos borres de mi piel el sufrimiento y todas sus huellas.
A veces recuerdo que estás llena de defectos, y aún así, te quiero devuelta, porque recuerdo que amarte fue mi mayor virtud, y a veces, siento que tocan la puerta, y espero que al abrir, seas tú.