Existen muchas razones por las que una relación infeliz e incluso tóxica, se prolonga por mucho tiempo. Uno puede suponer, “Bueno, si dejo de amarle puedo decir adiós”, pero no es tan sencillo como parece.
Una de las razones más frecuentes por las que estas relaciones se extienden, es porque uno de los dos, alaba exageradamente las razones del otro. Es decir, en medio de esta relación tan carente de todo, de pronto surge una fantasía interior que lleva a esa persona a alabar como un Dios a su pareja, como si surgiera en correspondencia a la carencia y falta de cariño que hubo en todo este tiempo.
En dicha situación, puede pasar que alguien desde afuera se percate, pero desde adentro es distinto. Además, el alabado puede tener dos reacciones que prolongan de igual modo, esta relación infeliz. La primera es que crea las alabanzas, sean o no ciertas, y que de algún modo esa chispa interna haga un intento extra por no extinguirse del todo. De dicho modo, el alabador es como alguien que intenta mantener las brazas encendidas de un carbón, y cada soplo es una de esas alabanzas repentinas que llegan cuando todo está a punto de acabarse.
La otra opción es que el alabado, muy dentro de sí sabe que este cariño repentino solo surge cuando esa persona siente que le está perdiendo, y en este escenario, se resigna a seguir estirando la relación a ver, si en algún momento, esa llama que hubo antes vuelve a encenderse.
Es como una sensación piadosa por el otro que no permite decir “BASTA”. Ya sea por miedo o piedad, o porque de verdad haya algo que se mueve en el pecho cada vez que esto sucede, es evidente que de lo que se huye en realidad es de la decepción, el dolor y la pena de dejar atrás una relación que quizá, en algún momento, tuvo la posibilidad de ser grande. 
Esto pasa la mayoría de las veces, cuando la relación ha ido sumamente rápido y se han hecho promesas de compromisos. Sin embargo, hay que tomar consciencia sobre la infelicidad que se tiene, porque puede pasarse de una relación infeliz a un engaño, de un engaño a una relación tóxica y viceversa.
Amar se trata de aceptar no solo el amor que recibimos, sino de rechazarlo cuando ya no queremos ser partícipes de una relación. Porque uno nunca está obligado a dar amor porque alguien le ame. Hacerlo, significaría sucumbir a convivir en una relación en la que te sientes infeliz, pero, sobre todo, incompleto.