Las personas tienen la idea de que todas las relaciones que se acaban deben tener un desenlace fatal. Sin embargo, a pesar de que haya habido un confrontamiento o un engaño amoroso, hay posibilidades de tener un “buen final”.
Primero que nada, no malinterpretemos la frese “buen final”. Una relación puede acabar bien incluso cuando ambas partes deciden no tratarse más. Cuando digo que una relación puede terminar bien, me refiero a que ambas personas tienen la posibilidad de recuperar su vida y seguir adelante.
La mejor manera de hacerlo, es aceptando que ninguno es conveniente para el otro, y que la vida de cada uno no depende de si alguien llega o se va. Aunque pueda sonar agresivo o egoísta, esta es la mejor manera de terminar una relación en el sentido de que la persona lastimada y el lastimador, podrán seguir sanamente su rumbo.
Por otra parte, cada uno deberá de aprender algo de lo sucedido y tratar de usar esa experiencia para mejorar en las siguientes oportunidades. Esto se llama “terminar la relación con madurez”. Parte de ello también trata sobre el no guardar rencor.
El rencor solo hace daño en la persona que lo padece. Es como una enfermedad que intentamos repartir pero que finalmente queda solo dentro de quien la tiene. El rencor no trae nada bueno al terminar una relación, por lo que la indiferencia y aceptación de que lo pasado no se recuperará, será siempre la mejor postura ante el término de una relación.