Cuando alguien ya no nos ama, pero está acostumbrado a nuestra presencia, jamás sentiremos lo mismo que antes cuando nos bese, nos toque o nos abrace, pues lo hará desde el miedo a dejarnos y no desde el amor.
Y es que, en ocasiones, sucede que en las relaciones de pareja hay etapas y muchas veces no nos gusta entender que estamos en la etapa final de la relación, pues muchas relaciones pueden durar un largo tiempo, pero no para siempre.
Entonces sucede algo típico: ya no nos aman, ni siquiera nos quieren con la misma intesidad que antes, pero están acostumbrados a nosotras.
Cuando este momento llega, es muy difícil aceptar que lo mejor para ambos es terminar y seguir la vida por caminos distintos. Y, debemos aceptar que no somos responsables ni culpables por los sentimientos ajenos, por lo que sienten hacia nosotros, o, por el contrario, lo que no sienten hacia nosotros.
No debemos culparlo por lo que siente, pues es muy natural y tarde o temprano tenía que sucederle a uno de los dos, pues así es con las parejas, afortunados son los que dejan de amarse al mismo tiempo.
Ahora nos toca a nosotras emprender el viaje hacia nuestro interior y preguntarnos si aún lo amamos o estamos aferradas a él por miedo a dejarlo o por miedo a estar sola en la vida.

Pero, esto no significa que no haya personas que nos quieran y nos respalden, mejor dicho, nos referimos a que sólo nosotras somos dueña de nuestro destino y nadie podrá hacer nada por nosotras, que no logremos hacer nosotras primero para nosotras como prioridad.
Al principio, quizás puede ser un poco doloroso y tornarse difícil y hasta imposible el camino, pero, una vez nos propongamos seguir adelante solas, sin esperar si alguien nos acompaña o no, tendremos por seguro que nada nos detendrá, y la fuerza se nos otorgará como premio y recompensa para lograr todo, y mucho más de lo que nos propongamos, anehelemos y tengamos guardados como sueños en nuestro corazón.
