El miedo tiene como cualidad principal castrar y limitar, cuando se trata de sentir miedo al sufrimiento nos encontramos  forzados a eliminar  nuestros sentimientos, a evadir  experiencias las cuales podrían ser fuente de dolor, en caso de que algo diferente  a lo que deseamos que pase, tratamos de  no encariñarnos o conectarnos  demasiado a nuestros afectos y tratamos de cerrar  nuestro corazón, sueños e ilusiones en una bobedad  de protección donde nada pueda ocasionarle un efecto.

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Evitamos sufrir, amar,  vivir y así poco a poco vamos  apagando todos los motores que se encargan de movernos como seres humanos, no nos arriesgamos ni apostamos nada, ya que  la  idea de la sensación de pérdida nos desarrollar  colocar  en circulación la adrenalina común del miedo, que no actúa en este caso para que nos enfrentemos a nuestros desafíos, sino para que nos alejemos  de esa situación que pone en riesgo  nuestro mundo, bastante poco soportable  a la idea del dolor.

Dejar  de vivir experiencias que  incluso podría  ser las mejores que tengamos en nuestras vidas, por miedo a que algo no ocurra  como lo esperamos y nos encontremos  expuestos al sufrimiento, es como no querer comernos un delicioso pastel por miedo  a que tengamos un  problema  digestivo… Sí, puede que nos caiga mal… Pero también esta  la probabilidad  de que eso no ocurra, y nos hayamos dado un delicioso  gusto… Incluso, si nos genera  sentirnos  mal, muchas ocasiones  ese dulce sabor habrá valido la pena completo…

No pongas  tus actos, mucho menos tus emociones  por miedos. No te predispongas ante la vida, es verdad  que esta  la probabilidad  de que las cosas no tomen el rumbo  esperado… y es verdad  que estamos expuestos por completo al  sufrimiento, pero considera que no es lo  común, que para ganar hay que arriesgar.

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