El amor propio es el más importante de todos los amores, eso lo sabemos, sin embargo, pocos lo reconocen en la práctica y terminan entregándose a cualquier que les hipnotice con palabras bonitas y promesas vacías.
El amor propio no solo te sirve para estar alerta a posibles engaños y a no entregarte tan fácil. Este amor propio ayuda para amar, correctamente, a los demás. Míralo de esta forma:
Tú eres un vaso lleno de un líquido llamado “amor”. Normalmente, lo correcto sería tener el vaso lleno a la mitad, para que en algún momento, llegue otro vaso y podamos echar una parte de este amor dentro del otro baso y, en respuesta de ello, ese vaso nos dé otro poco de su amor, para que de ese modo haya un equilibrio. El problema está en que si no tenemos ni una gota de amor propio, el otro vaso se verá obligado a dejar un poco más de su amor dentro de nosotros y, al devolvérselo, volveremos a estar vacíos, haciendo que no pueda existir un equilibrio en la entrega del cariño dentro de la relación.
Debemos llenar nuestro propio vaso con el amor que nosotros mismos podemos darnos. De lo contrario, estaremos destinados a andar siempre vacíos y a vaciar también a aquellos que intenten amarnos, por lo cual, terminarán yéndose porque obviamente, nadie quiere estar vacío por otra persona por mucho que le ame.