Algo relativo como el amor es el humor, pues, aunque todos creemos que sabemos lo que es, en realidad, sería una tarea complicada definirlo con palabras exactas. Pero sin duda, todos conocemos los beneficios del humor y lo irresistible de su existencia.
En un mundo que nos pide cordura con unas condiciones de locos y que ante el más mínimo error nos arroja a la culpabilidad y al remordimiento, el humor, parafraseando al gran Charles Chaplin, parece ser una cosa muy seria.
Los fanatismos nos rodean, con su halo de perfección moral y rectitud comportamental.
Sin embargo, a muchos, en lugar de proporcionarnos una guía espiritual y calma, los fanatismos nos causan algo de miedo además de angustia.
Y es que los fanatismos, sea cual sea su expresión, siempre tienen un alto grado de seriedad tradicional y de falta del sentido del humor.
Cuando cualquier broma o chiste nos despierta una carcajada, parece que el mundo se simplifica. Las frustraciones no aprietan tanto y nuestro corazón se ensancha.
Cuando vamos a otro país y no sabemos expresarnos, nos sentimos vulnerables, torpes, e irremediablemente tediosos hablando de algunos temas.
Nos preocupamos por la conjugación y la gramática porque queremos entablar una conversación algo «decente» con nuestro interlocutor.
No obstante, la llave de la comunicación más profunda radica en poder decir algo que sentimos como gracioso y que el resto lo entienda de igual forma, aun existiendo fallos gramaticales y sintácticos.

El humor es algo universal, y no habrá remedio más infalible para derribar barreras que causar unas risas en quien nos escucha.
Aunque sea de gran importancia, en realidad, para muchas personas, no existe en el mundo algo más tedioso y separatista que un debate acerca de nacionalismos, política o religión.
No obstante, en ciertas situaciones y con las personas adecuadas (dispuestas a aprender y no a imponer); puede ser una conversación tremendamente interesante.
Pero una persona inteligente no solo sabrá situar estos debates en tiempo y espacio, sino que sabrá complementar todos ellos con una leve pizca de humor que envuelva la conversación en un halo de sofisticación, pero también de sabia ironía y sátira.
