En una investigación conjunta con científicos de la Academia China de Ciencias, el Instituto Kunming de Zoología y la Universidad de Carolina del Norte, un equipo de científicos internacionales logró implantar un gen humano en primates, lo cual ha provocado todo tipo de reacciones alrededor del mundo dadas las implicaciones éticas de experimentos de esta naturaleza.

El gen en cuestión es el MCPH1 —también conocido como BRIT1— que, en los humanos ayuda al desarrollo del cerebro durante la etapa fetal, así como durante la neotenia, es decir, la etapa de la infancia en la que la red neuronal sigue desarrollándose y tomando forma.

Los investigadores lograron implantar este mismo en once (11) monos rhesus, de los cuales ocho (8) fueron de primera generación y tres (3) de segunda. Las diferencias entre estos monos y otros de su especie sin la copia humana del MCPH1 fueron claras.

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Así como los humanos, los monos dieron señales de que el crecimiento y desarrollo de sus neuronas fue mucho más lento; su memoria corta era mucho mejor y el tiempo de reacción a los estímulos era mucho más corto que sus otros pares.

El objetivo de esta investigación según los científicos, estos monos transgénicos podrían ayudar a los humanos a resolver algunas de las preguntas sobre qué hace que los humanos seamos únicos, así como dar respuestas a los orígenes de algunas enfermedades neurodegenerativas.

Del mismo modo, los científicos sustentan su elección de primates sobre los roedores dadas las similitudes con nuestro cerebro.

«Para interrogar las bases genéticas de la evolución de cerebro humano, el uso de modelos de ratas o ratones es menos ideal debido a las vastas diferencias en el tamaño y estructura del cerebro entre los humanos y los roedores.

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El mono Rhesus (Macaca mulatta), una especie de monos del Viejo Mundo, generalmente usado para la investigación biomédica es la opción ideal debido a la similitud en la secuencia con los humanos (>93 % para los genes codificadores de proteínas) […]

además de una distancia filogenética relativamente grande (cerca de 25 millones de años de divergencia de los humanos) que alivia las preocupaciones éticas».

Los propios investigadores son conscientes de las implicaciones éticas de esta investigación, así como de sus limitaciones que tan sólo podrán dar mejores y más precisos resultados conforme la técnica de la implementación y edición de genes mejore.