La vida da muchas vueltas, y una de las más bruscas es cuando alguien que amas te ignora y rechaza hasta que tú decides no insistir más.
Parece que esas personas se regocijan con la súplica ajena, se llenan de valor y se sienten más fuerte. No es hasta que te pones de pie y recoges tu dignidad, que ellos se dan cuenta cuan valiosa eres en realidad.
Al sentir la falta de súplica. Al darse cuenta de que ya no les insistes, se percatan de que tienes dominio sobre tus propias emociones y eso, es una de las cosas más atractivas que hay.
Sí, resulta atractiva alguien que puede controlar lo que siente, alguien difícil de dominar y alguien que sea líder de sus emociones. Una persona que suplica, es una persona débil que deja de lado su dignidad y no se ama a sí misma.
Pero, quien abuse de esa condición de debilidad y te mantenga a raya con sus “te amo” solo por el placer que provoca tener a alguien a sus pies, no merece ni una pizca de tu corazón.
Por eso, cuando te levantes del suelo y la otra persona se percate de que en ti hay mucho que amar, mándale al carajo. Porque si no te quiso en tu momento de mayor debilidad, no sabrá quererte en tu momento de mayor fortaleza.