Aceptamos el amor que creemos merecer… Sin embargo “Merecer”, puede interpretarse de varias maneras. Podemos no merecer el amor que solicitamos, porque quizá, esa persona a la que se lo pedimos se demasiada valiosa para nosotros en el sentido de que, si le hemos fallado luego de que nos entregó el corazón en bandeja de plata, entonces hemos perdido todo derecho sobre sus emociones.
Por otra parte, si suplicamos por un amor, tampoco lo merecemos en la medida de que, nadie es lo suficientemente importante, como para que le roguemos. Así que, no todos los amores que no merecemos, son buenos.
Debemos apelar por nuestro afán de conquistar nuestro amor propio. Es este el que nos pone un alto al momento de suplicar. Es este, el que nos dice si un amor de verdad, merece nuestro esfuerzo sin perder nuestra dignidad. Es este amor propio, el que nos dice, cuál es el amor que merecemos.
Mendigar amor, es mendigar sobras, porque quien no quiere darte su cariño por iniciativa propia, sencillamente no se entregará por completo a ti, y solo te dará la porción necesaria, para que puedas sentir una falsa sensación de cariño.
¿Crees que vales tan poco como para recibir solo “porciones” de cariño de la persona que te quita el sueño por las noches? Ámate, y deja que el amor que tanto buscas, llegue por sí solo. Cuando empieces a recibirlo sin solicitarlo, sabrás que ese es el amor al que mereces entregarte.