El tiempo y el amor parecen estar peleados, solo cuando escogemos mal. La necesidad de llenar nuestro vacío, se paga con la premura en conseguir un amor, el cual, siempre, será fugaz. Esto se debe a dos cosas:
- Nuestro vacío emocional no se llena con amores ajenos, sino con amor propio. Cuando empezamos a escarbar dicho amor a partir de un corazón ajeno, este se agota rápido y se desintegra con facilidad.
- Las personas que te ven vulnerable, explotarán tu debilidad. La gran mayoría de tus amores, se percatarán de tu necesidad de ser querida, y en base a ello, aprovecharán tu debilidad para conseguir lo que quieren y luego, dejarte atrás, así de simple y doloroso.
Hay que darle tiempo al tiempo, pues él sabe en qué momento colocar en nuestra vida, los mejores corazones. Si nos apresuramos y no esperamos a por el tiempo, entonces nos estrellaremos de frene con una roca llamada “desamor”.
Es ahí cuando comenzamos a patalear en medio de un océano. Porque cada vez que fallamos, nos sentimos más y más vacíos, y es como si nos hundiésemos más por cada fracaso amoroso por el que pasamos. Es esto lo que agudiza esa sensación de ahogo cuando estamos solos, es decir:
No es la soledad en sí misma el problema, sino nuestra falta de amor propio. Esa falta de reconocer cuánto valemos, es una forma de colocarse una soga al cuello y dejar a merced del verdugo nuestro destino.
Dejemos de ir tan deprisa, que los amores que no se buscan y llegan por sí solos, son los que duran más y son mejores. Recuerda que, si algo es fácil, entonces quizá, no valga la pena.