Una de las locuras más grandes que he escuchado es que el amor es algo que se exige.
Nada más tonto que eso. El amor es un sentimiento que se da de manera espontánea entre dos personas, que crea las cosas más hermosas del mundo, que nos une y nos da aliento para vivir, y si lo exigimos deja de ser amor.

Al amar de verdad estamos dando cada célula de lo que somos en pro del beneficio del ser amado. Abrimos un espacio en nuestro ser sólo para esa persona, e imaginamos una vida entera con ella.
Y aunque lo demos todo esperando lo mismo, no es suficiente como para exigir amor de esa persona. El amor es así: tienes que darlo sin esperar algo a cambio, aunque duela. Se ama porque sí, porque uno es capaz de ello, porque uno es un ser humano y no hay sentimiento más grande que ese, ni siquiera el odio mismo.

Y así como esperamos que los demás respeten lo que sentimos, nosotros debemos respetar lo que sienten los demás. Ojalá el amor siempre fuese recíproco pero no es así si la otra persona no se siente compatible con nosotros o no le gustamos.
Pero no te preocupes: en algún momento llegará esa persona que corresponda lo que das, y ambos pensarán en proyectos en común y tendrán intenciones de compartir sus vidas, porque es que no sólo podemos amar sin que el otro nos ame sino que alguien nos ama mientras nosotros no le correspondemos.
Amar a pesar de todo siempre genera ganancia, y es que se experimenta el mejor sentimiento del mundo. Así que lo primero que debes hacer cuando amas es considerar que el amor en sí mismo es maravilloso y no olvidemos apreciarnos a nosotros mismos para establecer los límites más adecuados cuando esa persona llegue.