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Decidí estar con otra mujer, y esto fue todo lo que aprendí

Posted on March 7, 2019 by admin

Por lo general, cuando nos hablan de una relación, inevitablemente se nos viene a la mente la unión de un hombre y una mujer. Y es que, la naturaleza dicta que esa es la manera correcta en que nuestra, y la mayoría de las otras especies, deberían tener una relación.

Pero, el ser humano, no es un animal. No es solo un ser instintivo que sigue su naturaleza y, de vez en cuando, nacemos con gustos distintos o, en el camino de la vida, suceden cosas que nos hacen ver el mundo de una manera distinta al que lo dicta la naturaleza.

No puedo discutir si lo que hice estuvo mal o bien. No vengo a poner sobre la mesa un debate moral, solo quiero contar una experiencia, la experiencia de todo lo que aprendí al lado de otra mujer.

  1. Un cambio enorme en mi vida:

Cuando vives en una sociedad que aún castiga la práctica de relacionarse con personas del mismo género, es difícil adentrarse a un cambio tan profundo. Pero, cuando estás ahí y te sientes tan maravillosa y libre, sin peso de consciencia por saber que no haces nada malo, las cosas cambian.

Te das cuenta del enorme apoyo y unión que hay entre las personas que son parte de esta comunidad, y también entiendes que no debería existir tal comunidad. No me malinterpretes:

Me refiero a que no debería existir una separación cultural o social entre los que siguen la “naturaleza” y los que decidimos como seres humanos, libres, responsables y que oyen a su corazón.

  1. Los celos, una visión diferente:

Cuando estás con un hombre, no entiendes realmente lo celosa que puedes ser como mujer. Pero, cuando una mujer te cela, lo comprendes. Ambas partes, nos dimos cuenta de que la intensidad de los celos era proporcional al nivel de inseguridad que teníamos en la relación.

  1. Las personas no se definen por su género:

Cuando te das cuentas de que realmente amas a una mujer o una persona de tu mismo género, tienes una epifanía. La idea de enamorarse de un hombre o una mujer desaparece y el “enamorarse de la persona”, surge como una luz que te alumbra la vida.

Amar a una persona es mejor que amar a un género.

  1. No somos instintivos:

Finalmente, y apoyándome en el punto anterior, me di cuenta que no somos seres instintivos.

Si bien nuestra naturaleza dicta que nos relacionemos con personas del género contrario, en realidad esta es solo una forma de corresponder a esa parte de nuestra especie que nos impulsa a procrearnos.

Pero, si lo hacemos por la mera naturaleza, ¿Dónde queda nuestra parte humana? Es esa parte racional y emocional las que nos separa de los animales y nos permite actuar fuera de lo que se supone es natural.

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