Jamás imaginé, al conocerte, que me costaría tanto alejarme de ti. Pero es la realidad, y ahora tengo que armarme de valor para terminar de decirte adiós por mi bien, aunque mi corazón no lo quiera de verdad.
Te has portado mal, me has hecho mucho daño y no das señales de cambiar, ¿Qué más puedo hacer a partir de ahora? Me engañas con otra mujer, vas y vienes de la casa cada vez que quieres, no eres responsable con la manutención de nuestros hijos, me maltratas física y psicológicamente, en fin, has hecho de todo y yo, en cambio, he sido una mujer perfecta e ideal.

Una opción a la vista es empezar a conformarme y aceptar que eres así y no cambiarás, pero no puedo permitir eso en mi vida por más tiempo. Porque cuando una persona se resigna se termina de hundir por completo, pierde la razón de vivir y se hunde en la tristeza. Ese riesgo, amado mío, no estoy dispuesto a tomarlo, por más que te ame con toda mi alma y mi corazón.
Debo empezar a respetarme de verdad y decirte adiós de forma definitiva y total, aunque te quiera como nadie en este mundo, porque debo ser seria y responsable conmigo misma. ¿Qué clase de amor es ese donde se da absolutamente todo por el otro y no se recibe nada a cambio? No es un amor saludable y equilibrado, sino un amor dependiente en el que uno se aprovecha del otro.

Me duele aceptarlo, pero nuestra relación no tiene salvación porque no quisiste. Preferiste continuar con esa vida de lujuria y pecado la cual, honestamente, no va conmigo. Me quedaré sola por un tiempo, lloraré y sufriré, pero sé que al final tendré razón porque ganaré respeto y valor por mí misma.