En promedio, la persona puede llegar a besar hasta 30 bocas distintas a lo largo de toda su vida. Pero honestamente, no me haría falta llegar a los labios número 15, si los tuyos fueron el 14. No necesitaría dar una tercera probada, si a la segunda me tropecé con tu boca. Porque de todos los besos que he dado, me quedo con los tuyos.
No porque sean lentos y apasionados, y porque no tengo que pedirte que los aceleres, porque me lees la mente y sabes cuando hacerlo. No, tampoco es porque cada beso tuyo me humedece más que mi boca y me hace elevarme sin alas.
Ni siquiera es porque he tenido hasta sueños donde me molesto al despertar, pues en ellos, te besaba como siempre te ha gustado que lo haga.
Escojo tus besos por encima del resto porque cuando te dignas a darlos, besas con el alma. Besas profundo y besas con el corazón.
Besas para que se sienta y se recuerde.
Besas con el fin de enamorar.
Besas con destreza y sin temor.
Besas por todas partes.
Besas de tal manera que los lunares en mi cuerpo se mueren de celos por tus labios y los míos.

Por eso, escojo, entre 30, 40, o un millón de labios, a los tuyos. Porque no son solo carne, son mucho más. Son una vida, son un deseo, son aspiraciones y son cariño. Tus labios tienen todo lo que quiero escuchar. Tus besos son la mejor manera de decir “te amo”. Tu boca es el lugar donde quisiera vivir por siempre, porque un instante, nunca será suficiente para besarte.