Ella jamás te entregaría lo que no supiste pedirle, porque aunque la creíste tonta, supo desde el primer instante lo que estabas buscando.
Ella no pudo ver en ti todo lo que siempre había buscado en un hombre: seguridad, cariño, apoyo. Tú solamente viste en ella un juguete más, un medio de descargar tensiones, de buscar placer. Tú te refugiaste en tu hedonismo y no conociste el néctar de su ser.

Ella se entregó a ti porque se sentía sola y triste, otro le rompió el corazón y necesitaba llorar sus penas, necesitaba purgar el dolor y darle pie a la venganza. La vida es así, hay que matar las penas, pero no te ilusiones, ella sabe bien qué clase de persona eres.
Tú le hiciste creer que la amabas, le llenaste de frases baratas y repetidas, como si fuera una más del montón. Ella no cayó por inocente a tus brazos. Ya no era tan tonta, como antes, muchos como tú conoció antes, muchos que le hicieron daño,
Ella jamás te entregará lo que tú no puedes recibir, porque sencillamente no eres merecedor de ello. Su corazón está roto y destruido por culpa de otro patán de tu misma calaña.
Ella llora todas las noches pensando qué hubiera pasado si hubieras sido diferente, si tuvieras otras intenciones de estar a su lado.

Tú no hiciste más que repetir el mismo patrón cíclico que hacen casi todos los hombres, y ahora estás solo otra vez, sin consuelo, cargando tus penas.
Ella no podrá amar a nadie esta noche, porque se siente desolada y desdichada. Ella sabe que entregar el cuerpo no es entregar el alma, ¡Pero cómo quisiera hacerlo por alguien que vale la pena!
Ella pudo haberte entregado todo, pero tú, amigo mío, decidiste ser uno más del montón…