Entregarse y saber que, en caso de volver, lo hagas incompleta, es amor. Suena trágico, pero el amor es un salto de fe y se realiza con los ojos vendados.
Quién no se arriesga a poner el corazón en manos ajenas, no conoce la verdadera esencia del querer y ser querida. Por eso, existe siempre un temor a que las manos de aquel que sujete tu cariño, se cierren de golpe y aplaste tu corazón como si se tratase de un insecto.
Ese miedo es natural, porque la súbita decepción es la forma más cruel de lastimar a alguien. Pero ¿Quién ha amado con plena confianza en el futuro?
No nos confundamos, una cosa es confiar en quien amas, y otra es pretender ser videntes. Es simple, por mucho amor que tengamos depositado en nuestra pareja, nada impide que, un día, él se marche para siempre.
De eso se tratan los saltos de fe y el amor incondicional. Se trata de la entrega plena en la incertidumbre y, al mismo tiempo, la confianza de creer que, aquel que sujeta tu corazón, no te lo aplastará con sus manos.

¿Qué tan dispuestos estamos a amar? Si quieres saberlo, preguntante entonces ¿Qué tan dispuesta estás a entregarlo todo y arriesgarte a volver incompleta y destrozada? o ¿Qué tan dispuesta estás a entregarlo todo y vivir felizmente enamorada por el resto de tus días?
Cupido y tú, apuestan con una moneda, y las posibilidades siempre serán iguales para cada pregunta.