Hay una diferencia marcada entre el sentir y el saber. Podemos saber algo y tener aún así, la posibilidad de equivocarnos. Por ello, el “saber” no siempre suele ser pleno o completo, y menos cuando se trata de si una persona es o no correcta para nuestra vida. A parte, el sentir viene más arraigado a un sentimiento de fe, el cual no deja espacio para la duda, pero ¡atento! Que no porque nosotros no dudemos de si alguien es para nosotros, significa que lo sea.
No pienso escribir lo que quieres leer, sino lo que necesitas saber. Cuando llega una supuesta buena persona, la cual te hace querer pensar en un futuro juntos y un final perfecto, lo sientes dentro de ti. No dejas espacio para el “Quizá”, y te entregas de pleno a dicha persona a pesar del miedo que pudiste haber sentido en un inicio.
A pesar de eso, de lo bonito que pueda sonar, siempre existe la posibilidad de que todo cambie, de que hayamos construido una ilusión en base a una mentira y todo se desmorone. Pero, precisamente por el amor es para valientes, y los valientes deben pagar el precio de su valentía.
El riesgo a que nos fallen incluso cuando hemos depositado toda nuestra fe en una persona, es latente, pero de eso se trata la vida, de asumir riesgos que puedan tener un fracaso del cual aprendamos, o una victoria que nos haga vivir en plenitud por el resto de nuestros días.