Qué bueno es poder contar con alguien en ese momento amargo de nuestras vidas, encontrar alivio con tal solo un abrazo, un gesto, una mirada, una palabra. Solo necesitamos la presencia de esa persona para sentirnos más fuertes, para saber que no estamos solos en el mundo, y que todo sabor amargo tiene su toque de dulzura.
Solo está allí para nosotros, y su única intención es apoyarnos y ser ese soporte para seguir adelante. Es apoyar la cabeza en un hombro amigo que sabe cómo consolarnos, ayudarnos y apoyarnos sin dejar ni si quiera que nos derrumbemos completamente.

Porque paraísos pueden existir muchos, hay muchos lugares que nos pueden brindar esa paz y armonía que necesitamos. Pero personas que nos brinden lo mismo, hay muy pocas, y encontrarla y contar con ella es un paraíso, de ello no existe la menor duda.
Así que cuando aparezca una de estas personas no la dejemos a un lado, porque a veces incluso son fáciles de reconocer. Personas que incluso nos llenan el alma, nos alegra la vida y nos hacen verla desde otro punto de vista.
Porque cuando sentimos que todo se derrumba, veremos que aparecerá esa persona que nos ve como alguien especial; valoremos su amistad y todo lo que son, todo que nos une.

Esas personas que son un paraíso andante, y, aunque para muchas personas no sea así, para nosotros lo es, y no hace falta nada más. Amistades que valen la pena tenerlas siempre a nuestro lado, están ahí para demostrarnos lo importante que somos.