Nos hemos dado que no es nada fácil amar, sencillamente, porque se producen mensajes contradictorios entre aquello que nos dice nuestra mente y aquello que nos dice el corazón. Provocando una batalla que se basa en el conocimiento y sentimientos que puede llegar a ser muy fuerte y prolongarse, incluso, durante meses.
El malestar de ello es notable por motivo que interfiere con nuestra paz interior por la oposición de ideas y corazón. Escuchar a la razón es importante, porque suelen ser objetivas, teniendo datos concretos y en observaciones. Muy lo contrario al corazón, que puede conducirnos hacia un camino lleno de impulsos sentimental, ocasionando así un daño hacia nosotros.

El amor, a veces, te ciega y no te hace ver más allá. O tal vez sí, porque la razón va más allá, sin embargo, no siempre hacemos caso a nuestra voz interior tal y como debemos. No hacemos caso a nuestra intuición. Una intuición que puede darnos un gran nivel de certeza.
La razón puede darnos diferentes sensaciones, por ejemplo, cuando sabes que no eres correspondido, la de saber que la persona en la que te fijaste no te conviene y no te hace bien, la idea de que están jugando contigo, te están utilizando, darte cuenta de que estás dando más de lo que recibes. Más allá de la evidencia, a veces, el corazón no se da por vencido ante esas situaciones y siempre quiere lograr mejorarlas porque tiene la esperanza de que eso cambiara para bien. Es primordial que la razón y el corazón vayan de la mano, es decir, caminen hacia una misma dirección y en línea recta.