Mi país me enseñó lo doloroso que es conocer a alguien especial en el momento equivocado. Vivir en un lugar donde las personas día a día se van en búsqueda de un mejor futuro, es tener que aceptar que, aferrarse a los “juntos para siempre”, es un acto de altísimo riesgo para el corazón.
A diario, vemos miles y miles de personas saliendo por la frontera, y cada uno de ellos, lleva la mitad de un corazón, de una persona que no quiso soltar su mano, de alguien que le llora desconsoladamente porque sabe, que quizá, más nunca le vuelva a ver… Y lo peor de todo, es saber que la persona que dejaron atrás, era la correcta, pero le conocieron en el momento equivocado.
Así es vivir en Venezuela, un lugar que separa y parte corazones por la mitad con más constancia de la que alguien puede imaginar. ¿Sabes lo difícil que es tener miedo a enamorarse de alguien, no porque te puedan hacer daño, sino porque tienes que aceptar que tarde o temprano, por muy bien que te lleves con esa persona, deberás dejarle ir?
Tratamos de sobrevivir con la idea de que, en algún momento, podremos conseguir a alguien que quizás tenga el mismo destino que nosotros, que quiera emigrar al mismo lugar, pero casi siempre, los caminos, las metas y los lugares que esa persona anhela alcanzar, son diferentes a los tuyos, y te hace preguntarte ¿Realmente vale la pena amar a alguien en este momento tan equívoco?
Supongo que todos hemos tenido un amor así, ese que debemos dejar ir porque sencillamente, no fue el momento correcto para entregarle el corazón. Esos amores son los que más duelen, los que a pesar de que no haya nada malo entre ustedes, los que a pesar de que estén dispuestos a entregarse por completo y anhelen estar todo el tiempo juntos, los que, a pesar de todo ello, deban terminar por causas ajenas a sus corazones… Esos, amigos míos, son los amores que matan de verdad.